Cueva de Cuatribú

 

Se localiza esta cavidad, escondida entre un encinar, en la ladera sur del monte Mullir, a 435 metros sobre el nivel del mar. Su largo vestíbulo acaba en una galería más   baja, que da acceso al resto de la cueva, que es generalmente cómoda de transitar, sin alcanzar dimensiones muy grandes. Tiene un desarrollo total de unos 255 metros.

 

     
   
     

Miembros del C.A.E.A.P. encontraron los vestigios de un yacimiento arqueológico en el vestíbulo, con cerámica, fauna doméstica y una hacha de hierro, pero el objeto más conocido procedente de la cueva es la olla medieval, hallada por la S.E.S.S. en un gour hacia la mitad de la cueva.

 

Las primeras pinturas se encuentran sobre la pared izquierda al entrar en la zona oscura, aunque se trata de figuras pequeñas, como el grupo de puntos en una estalactita (nº 19). El conjunto de pinturas más importante se encuentra en una sala a unos 120 metros de la boca, donde casi todas las estalactitas y columnas se hallan decoradas. Se destacan unos signos, como el nº 17A, en una estalactita, o el 15, en la pared. También el número 13A es una figura de muy buena ejecución sobre una estalactita, mientra se encuentran más líneas y puntos decorando un pequeño grupo de columnas (nº 16).

 

Al pasar un corto laminador se encuentran nuevas pinturas de interés, como el panel complejo (nº 10) o la pequeña "L" (nº 9). Al final de este tramo de la galería, nuevas pinturas son muy diferentes entre sí. En la pared izquierda se halla un signo (7B) formado por un compacto grupo de líneas convergentes. En el techo, una cornisa está decorada con una serie de líneas marcando su borde (nº 6), mientras la pared derecha tiene un figura compleja (nº 5) compuesta por unas líneas horizontales y gran cantidad de puntos y marcas más pequeñas.

 

Hacia el final de la cueva, muchas de las pinturas carbonosas se hallan afectadas por la humedad de la pared. Algunas de las más interesantes, y mejores conservadas, son el grupo de líneas y puntos (nº 23) en la pared derecha junto a un zarpazo de oso, y dos segmentos de círculos concéntricos (nº 3) en la misma pared. Esta última recuerda a un signo parecido en la figura nº 14 en la cueva de San Juan, Arredondo. Una pequeña estalagmita está pintada (nº 2), y las últimas pinturas se encuentran en la sala final, donde unos puntos decoran una cornisa (nº 21).

 

Otro hecho a destacar es la gran cantidad de carbones sobre el suelo. Se encuentran en casi toda la cueva, hasta su final, a veces debajo de repisas donde no han podido caerse naturalmente. Seguramente podemos relacionar estos carbones con los mismos rituales asociados a las manifestaciones parietales. No se han realizado dataciones absolutas de pinturas en la cueva de Cuatribú, pero la presencia de la olla medieval, del siglo XIII, nos puede indicar una probable fecha para este interesante conjunto del arte esquemático-abstracto.