BOLETIN DEL MUSEO DE LAS VILLAS PASIEGAS Nº 5

 

 

Arquitectura antigua: Las Neveras

 Virgilio Fernández Acebo 

 

Hasta los inicios del siglo actual la industria no había resuelto aún la producción masiva de hielo artificial. La solución para disponer de un medio refrigerante transportable y utilizable en los meses de estío era almacenar en invierno gran cantidad de nieve, prensarla y aislarla térmicamente para que se conservase. Estos reductos de almacenaje recibieron el nombre de neveras. (1)

Los usos a que se destinaba habitualmente el hielo estaban relacionados con la medicina (ingestión en situaciones epidémicas, aplicaciones externas a quemados, contusos o enfermos de cólico miserere _antigua denominación de la apendicitis_  y otras curiosas utilidades); también en alimentación, para elaboración de refrescos, conservación de pescado y carne para su transporte, etc.

El origen de las neveras que hasta el momento conocemos en Cantabria está relacionado, por todos los indicios, con la demanda de hielo de las fábricas de cañones de Liérganes y La Cavada, que generaban gran cantidad de quemados y otros heridos.

Pensamos que las más antiguas sean las del tipo de Alisas. Esta, por la proximidad y facilidad de transporte a La Cavada y Liérganes, debió ser utilizada tempranamente. Sin embargo, su escasa protección al calor, abierta a todos los vientos, la convierten en poco eficaz. A pesar de ello fue también la que más tardíamente dejó de explotarse, hacia principio de nuestro siglo, según nos han informado los vecinos inmediatos. Su interés arquitectónico es el más bajo de las tres que aquí estudiamos: Una simple torca. La nevera de Fiñumiga pudo ser la segunda en construirse; es circular(2), de cal y canto, buena sillería y techo de falsa cúpula. Está levantada junto a una cabaña que la tradición pone como más antigua de todo el entorno y que lleva grabada en el dintel la fecha "1764". Ambos edificios, erigidos en extremos de la red de carreteras forestales de la fábrica de cañones mencionada, parecen ser sincrónicos. La tercera nevera, en La Peña por encima de la anteriormente citada, sobre un collado retirado y agreste, en un paraje del que la nieve tarda más en derretirse, buscando al parecer mejor conservación que en Fiñumiga.

La más afamada de las neveras citadas, tal vez por su nobleza arquitectónica y por su accesible carretera, fue la de Fiñumiga. Consiste en una sima de paredes verticales de unos 3 m. de profundidad sobre la que se ha erigido el muro circular; bien cargada tiene capacidad para más de 20 Tm de hielo. Posee dos aberturas: pendiente arriba una más pequeña, por la que se cargaba la nieve, y monte abajo una puerta para su extracción. Ambos orificios poseyeron puerta de madera. En la segunda mitad del siglo pasado, cuando ya hacía más de 50 años que se habían cerrado los Altos Hornos de La Cavada, aún venían a ella a por nieve desde el Valle de Cayón, para aliviar a algún vecino afectado del cólico miserere, contusiones, etc.

No hemos  encontrado menciones de Fiñumiga relacionadas con las abundantes situaciones epidémicas acontecidas en Cantabria en los últimos siglos. Amador Maestre documenta los viajes a Arredondo para surtir de más de tres toneladas de hielo a Santander, durante la epidemia de cólera que se inició en Septiembre de 1834 (3). Es probable que se recurriese a los neveros _grietas profundas y umbrías entre los lapiaces que conservan la nieve durante todo el año_ de los montes que flanquean el Alto Asón con alturas próximas a los 1.500 m. Este tipo de neveros naturales era el aprovechado también en las alturas pasiegas, para surtirse de nieve. Con gradientes de temperatura de 5.5° C / 100 m., (4) la temperatura media de verano no supera los 10° C en las alturas mayores, estando muy por debajo en algunos puntos de expansión y mezcla  de aires cantábricos y continentales.

Comentarios en torno a los tipos de neveras

Un suelo con drenaje, por el que no fluye agua, tiene una gran inercia térmica. Almacenada en cantidades suficientes, podría conservar la nieve durante todo el año en nuestras latitudes, de clima fresco. El simple vaciado y recubrimiento lateral del suelo sería eficaz como nevera, labor sin embargo innecesaria en los terrenos calcáreos, en los que las torcas naturales proliferan y pueden ser aprovechadas directamente con sólo cubrirlas de una buena capa aislante.

Las ventajas que ofrecen respecto a estas neveras elementales las realizadas con labor arquitectónica de paredes y cúpula son claras. Permiten una mayor limpieza del hielo, que no se contaminará con tierra y materias vegetales o animales, y prolongar la conservación del frío interior con sólo cubrir sus muros y techo con una buena capa de nieve prensada y aislamiento vegetal, sin que ello dificulte el acceso al hielo interior. Las formas redondeadas son más fácilmente recubribles y tienen menos capacidad de emisión de calor radiante y conductivo (por carecer de esquinas y disponer de menos superficie en relación a un volumen dado).

Digamos, para resumir, que la Nevera de Fiñumina fue concebida con ideas muy elaboradas, acordes con su finalidad, y aprovechando muy bien los conceptos y los elementos disponibles en el medio: diseño, situación y orificio y materiales.

 

 Situación. Otras referencias

 Las tres neveras que aquí tratamos se encuentran a una altura sobre el nivel del mar que oscila entre los 550 y los 700 m. La de Fiñumiga se encuentra en las coordenadas 4.793.800/400.350/550 m; la de La Peña está en 4.793.250/440.600/690 m. y la nevera de Alisas en 4.794.800/448.450/640 m. (Mapa 1:50.000 N.º 59 _Villacarriedo_ del Ejército.)

Una búsqueda en la toponimia del mapa 1:50.000 del I.G.N. (6) nos ha dado otras referencias a neveras en las provincias limítrofres:

_Las Neveras (Fte. de las Neveras). Se trata de hoyos de varios metros de profundidad rodeados de una pared circular de piedra, sin bóveda actualmente, muy arruinadas. 4.785.450/504.250/600 m. Mapa N.º 61 (Bilbao) del I.G.N.

_La Nevera. En las proximidades de la ermita de San Sebastián de Golilza. Desconocemos sus características y estado. 43ª 12_ N / 0° 26_10__E / 870 m. Mapa 1:50.000 N.º 60 (Valmaseda) del I.G.N.

_En la Hoja N.º 84 (Espinosa de los Monteros) del Mapa Nacional 1:50.000 encontramos el topónimo Nevero del Polluelo, que seguramente se refiera a un enclave natural donde se conserva la nieve espontáneamente.

En el Catálogo de Cavidades de Vizcaya (7) se menciona la Nevera de Orozco (=Neberabaltz), sima de unos 16 m. que conserva la nieve casi todo el año, en 4.767.250/515.600/1.135 m. Aproximadamente un kilómetro al Sur existe otro enclave en el que se citan varias simas denominado Nevera_ko atxa. No he tenido oportunidad de visitarlas personalmente.

 

 Conclusión

 Ya en el año 1908 un Real Decreto firmado por el Ministerio de la Gobernación de Alfonso XIII, Juan de la Cierva y Peñafiel, estipula las condiciones de análisis del hielo de consumo humano.

Es, sin embargo, el 17 de Septiembre de 1920 cuando se da el aldabonazo final con consumo directo del hielo de las neveras. El Real Decreto sobre Condiciones que deben reunir los alimentos_, firmado por el Ministro Gabino Bugallal, exige que sólo "debe admitirse como hielo alimenticio el fabricado artificialmente que dé por su fusión un agua potable y pura. El hielo natural contiene seguramente las impurezas y gérmenes que existen en las aguas de las que proceda, y su uso en las bebidas y alimentos queda prohibido".

Con esta medida legal dirigida a la prevención de contagios, una industria de la congelación ya desarrollada y una red de ferrocarriles capaz de transportar los bloques de hielo por todo el territorio español en un tiempo prudente, concluye la historia útil de las neveras; tampoco tenían sentido las largas caminatas en busca de hielo para uso medicinal en un momento en que la ciencia daba cada día algún paso firme para restituir la salud en casos que hasta esa época se consideraban desahuciables.

Las neveras quedaron abandonadas. La de Fiñumiga, la más doble, a la sombra de las hayas, en el fondo de la gran hondonada, permite a éstas crecer sobre su techo desde hace ya más de medio siglo. Son hoy su única compañía.

 

Bibliografía

(1)     Diccionario Enciclopédico Hispano‑Americano de Literatura, Ciencias y Artes (1891). Nevera Montaner y Simón Editores. Barcelona

(2)     VV.AA. (1987). Tradiciones y Gastronomía merachas. Pág. 18. Institución Cultural de Cantabria. Santander.

(3)     MAESTRE SANCHEZ, A. (1985). El cólera en Santander (La epidemia del año 1834). Págs. 247, 256, 296, 314, 317. Imp. América. Santander.

(4)     MORENO, G. (1978). Estudio climático de Cantabria. Universidad de Salamanca. Mecanografiado.

(5)     FELIU (1890). Física Experimental. Pág. 260.

(6)     Instituto Geográfico Nacional. Mapa Nacional de España a escala 1:50.000. Hojas 59, 60, 61, 84 y 86.

(7)     Grupo Espeleológico Vizcaíno (1985). Catálogo de cavidades de Vizcaya. Págs. 42 y 288. Diputación Foral de Vizcaya. Bilbao.

 

Pies de ilustraciones

Corte vertical de una nevera de factura simple (1). Podríamos equipararla a la del Puerto de Alisas, aunque en esta última el hoyo es una torca de origen cárstico.

Esquema idealizado, sin incluir la cubierta, de una sencilla nevera rectangular. De características similares es la descrita en La Peña. Habitualmente se sitúa en ladereas u hoyos de los montes para facilitar la carga y se levantaban sobre una excavación u hoyo natural previo.

 

 

Santander, 10 de Septiembre de 1991.