BOLETIN del MUSEO DE LAS VILLAS PASIEGAS Nº 10 (1993)

 

 

 

El resbaladero de Lunada

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                                          J. Ignacio López

 

 

   Desde el siglo XVI son muchos los intentos que se hacen en

España para obtener buena artillería, pero los resultados son

bastante desalentadores. A inicios del siglo XVII la escasez de

artillería y de cobre para fundir el bronce era tal que la Junta

de Fábricas de Navíos sugiere a Felipe III  traer de Flandes dos

casas de fundidores de bronce con destino a Lisboa y La Coruña

y otras tantas de hierro que podrían establecerse en Vizcaya,

Guipúzcoa o "Las Montañas".

 

   En 1602 Baltasar de Zúñiga es comisionado para la búsqueda de

fundidores y toma contacto con Juan de Corte (Curcio). Pero la

instalación de fundidores de hierro tropieza con las trabas que

a tal empresa pone el Señorío de Vizcaya, receloso de la

intromisión de la Real Hacienda en el beneficio y laboreo de sus

riquísimos veneros de hierro. Enterado Curcio del fracaso de tal

negociación, se ofrece él mismo a implantar su fabricación. El

Consejo de Estado da el visto bueno a tal iniciativa y comienza

la búsqueda de terrenos idóneos en el Norte de la Península.

 

   Liérganes aparece como la elección final, en parte por el

encajonamiento del Miera, de curso más abundante y regular que

hoy. El lugar se prestaba también para obtener la energía

necesaria al estar rodeado de extensos y frondosos bosques, sin

olvidar que se habían descubierto los veneros de Montecillo y

Vizmaya y que al ser la comarca muy pobre, la mano de obra

auxiliar sería abundante y barata. Pese a los nuevos intentos del

Señorío de Vizcaya para abortar el proyecto Felipe IV, aprueba

el dictamen del Consejo el 3 de Mayo de 1622.

 

  Esta es sin duda una fecha importante no sólo para la industria

metalúrgica en Cantabria sino para la comarca en la que se va a

instalar la fundición. A partir de este momento da comienzo una

explotación desmesurada y sin control del abundante arbolado de

la comarca, y que a la larga originar la amplia deforestación

que hoy se contempla. La instalación en 1637 en el sitio de Santa

Bárbara, del Concejo de Riotuerto, de dos nuevos hornos hizo

aumentar aún más la demanda de madera.

 

   La Corona se comprometía a expedir Célula dirigida al

Corregidor de las Cuatro Villas para que obligara a los lugares

que dieran los montes a los precios acostumbrados, y no más

altos, y que a petición de los asentistas se repararan los

caminos por los que hubiera que hacerse cualquier transporte.

 

   El uso abusivo de estas prerrogativas iba a provocar el recelo

de los habitantes de la zona, agravado cuando, ante la cada día

mayor dificultad en el acopio de carbones, se dicta en 1718 la

Real Cédula por la que se creaba la Dotación de Montes.

Según esta, se fijaba un término de cinco leguas a la redonda de

las fábricas en el que solamente se autorizaba a éstas a cortar

leña gruesa para hacer el carbón necesario para las fundiciones.

En el término quedaban comprendidos los Valles de Penagos,

Carriedo, Cayón, Castañeda, Soba, Ruesga, Villaescusa, Toranzo

y Piélagos, las Juntas de Voto, Cesto, Cudeyo, Ribamontn y Siete

Villas y las Villas de Escalante, Argoños y San Roque de

Riomiera.

 

   La Dotación, abusiva a todas luches, trajo como consecuencia

otro fenómeno, no menos grave: la paulatina desaparición de las

pequeñas ferrerías y de la mano de obra que en ellas se empleaba,

no compensada por los empleos creados por las fundiciones.

Muchos fueron los avatares por los que transcurrió la historia

de las fábricas desde el año de su inauguración hasta el último

tercio de siglo XVIII, pero de nada sirvieron las protestas de

los lugareños ante tal esquilme. Es en este tercio cuando el

problema del abastecimiento de carbones empeora y la Dotación de

cinco leguas de 1718 se hace insuficiente. En 1783 ha de

ampliarse con el Valle de Soncillo, Cilleruelo, Sotoscueva y

Valdeporres, Espinosa de los Monteros y las Merindades de

Villarcayo, Montija y Losa. Esta iniciativa aumentaba las

posibilidades de abastecimiento pero plantea un problema de

transporte de la madera desde el otro lado de la cordillera ante

la casi total ausencia de caminos carreteros adecuados.

 

 

EN SANTANDER  1.409 KM 2

EN BURGOS       700 KM2

 

 

   Mucha llega a la Cavada el 30 de Nov. de 1790 y el 30 de Marzo

de 1791 elabora un Informe en el que entre otros, propone los

siguientes puntos: seguir fundiendo con carbón de leña, fabricar

el carbón junto a las fábricas, racionalizar la explotación de

los montes, seguir empleando los minerales de Somorrostro_

El Informe fue aprobado y la primera consecuencia fue la creación

de la Empresa del Miera con la que se trataba de resolver el

problema del transporte de la leña desde la otra vertiente de la

cordillera.

 

   Pieza fundamental de esta Empresa fue el Resbaladero de

Lunada, colosal tobogn de 2.400 m. de longitud, con sección

aproximadamente semicircular, más ancha en el fondo que en la

abertura, montado sobre madera en tijera, para cuya construcción

se emplearon 5.000 hayas. Según Fernando González Camino, el

Resbaladero principiaba en lo alto del Portillo, en una gran

explanada cerrada de cal y canto donde se preparaban las leñas

para ser resbaladas.

 

   Como consecuencia de la ampliación de la Dotación, las maderas

llegaban en carros y de ahí se lanzaban hasta el pie del

Resbaladero para continuar su camino sobre las aguas del río

Miera hasta una primera presa o retén situadas en La Concha. Esta

presa disponía de un enrejado en la cumbre que retenía los leños.

Cuando el caudal del Miera era suficiente, se levantaba el

enrejado y los maderos seguían el cauce del río hasta otro retén

situado en La Cavada, cuya cumbre hacía de puente y permitía el

paso desde el lugar en el que se hacían los carbones a la orilla

izquierda donde estaban situadas las fábricas.

 

   Los primeros troncos llegaron a la Cavada el 5 de sep. de

1792. Sin embargo las obras, que ya se habían iniciado en 1791,

continuaban en 1795, especialmente las de acondicionamiento del

lecho del río.

 

   La Empresa del Miera fue un gran fracaso. Supuso un avance

decisivo en el camino ya iniciado de la deforestación de la

comarca y no cumplió, pese a ello, la misión para la que fue

creada. Mucha se había comprometido a resbalar 100.000 carros de

leña al año. En 1792 la cantidad se redujo a 50.000, pero el 1794

no se habían resbalado ni 20.000 carros.

 

   Es en estos años cuando Gaspar Melchor de Jovellanos, visita

la comarca. Su llegada debió coincidir con una mala época del

Resbaladero pues sus impresiones, reflejadas en su Diario de

viaje, son muy negativas. Asegura que "es inmensa la madera

gastada en las obras provisionales", que "los montes crecieron

mal por el desperdicio de ramaje", que "el Resbaladero de haya

debe ser de poca duración lo que exige reparaciones constantes",

que "la montaña est en descomposición y siempre amenaza con

escombros". Tras criticar aspectos técnicos concretos de su

construcción comenta: "las maderas para carbones mojadas por las

retenciones y frotadas deben quedar menos aptas para el carbón,

dar menos cantidad y de una calidad más floja". La cantidad de

empleados que la obra exige en el monte, en el apiladero,

escurridero, encauzadero y dique, así como las labores de

mantenimiento de "reparaciones inútiles" le parece a Jovellanos

excesiva y costosa. Se ven en el Resbaladero los vicios que

aquejan a las propias Fábricas Reales: mantienen los

inconvenientes de la producción tradicional y ninguna de las

ventajas.

  

   A fines de siglo dejó de utilizarse. En 1800 un gran temporal

de nieve causó daños en los retenes y en el tablao del

resbaladero y aún así se decidió repararlos "por si se vuelve a

hacer uso de la Empresa de Miera".

   El Resbaladero de Lunada se convirtió de esta forma en el

símbolo de gran obra construida en los Valles altos del Miera.

Ejemplo de mala planificación a corto, medio y largo plazo. No

solamente no cumplió los fines para los que había sido construido

sino que ocasionó consecuencias funestas para toda la comarca.

La desaparición de las pequeñas ferrerías, los problemas sociales

como consecuencia de los privilegios otorgados a los trabajadores

de las fábricas casi siempre llegados de fuera_ y sobre todo la

desaparición de la inmensa riqueza forestal; riqueza esquilmada,

mal explotada y cuya erradicación hipotecó el futuro para la zona

y sus habitantes. La deforestación de los valles, la erosión, la

desertización, las inundaciones_ afectan hoy día a los

descendientes de aquellos pasiegos que "se ocupan de conducir

carbón en sus cuévanos, a doce reales la carga o diez y medio,

según los sitios en que está, mujeres y hombres al porte y aún

niños_ El recelo de la población rural a la implantación de

nuevas instalaciones industriales y manufactureras tiene aquí uno

de sus orígenes.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

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-José Alcalá Zamora y Queipo de Llano. "Historia de una

          empresa Siderúrgica Española. Los Altos Hornos de

          Liérganes y La Cavada. 1622-1834". I.C.C. 1974.

_González Camino y Aguirre. "Las reales fábricas de

          artillería de Liérganes y La Cavada. I.C.C. Santander

          1972.

_M. A. Sánchez Gómez. "H. Gral. de Cantabria Siglos XVIII

          y XIX (I). Ediciones Tantín. Santander 1987.